Lápices de Colores

Ausencia de emociones, ausencia de ambiciones, ausencia de alegría. El vaso está colmado, rebasa el contenido del continente, se derrama por mis párpados humedeciendo mis pestañas. La frustración es la hazaña del corazón para bombear miseria por todas tus cavidades venosas. El poder de vencerla se encuentra en crear una barrera entre tu mente y tu alma, pero para personas de virtuosa impaciencia, crear una barrera se convierte en trabajo de ilusionistas autónomos sin ansias de vida.

Mi oficio es no correspondido, como un matrimonio al borde del divorcio justo, de nulidad incluso. Pues me siento maltratado, humillado, pero por encima de todo esto, herido en el orgullo. Pues después de un largo camino, después del duro combate, después de mucha sangre, sudor y arritmias, tan sólo queda la foto de recuerdo, aquella que creías con afán que te daría el pase al estrellato, pero que solo te ha encerrado en una condena que cumplir, pese a no haber cometido ningún crimen. (al menos en esta vida)

Pero no encuentro consuelo en el habla, ni en la escucha, pues sólo rebotan en mis palabras de necedad basadas en un mal de muchos. Resígnate, resígnate, resígnate!! Pero no puedo intentar plantarme frente el potente caudal del rio de mis principios, no puedo, por mucho que ancle mis pies a las piedras, y agarre con mis manos las ramas que me extienden los parajes vecinos. Tarde o temprano, la corriente me llevará a nueva estación y espero que sea temprano, pues apenas resisten mis fuerzas. Me siento enjaulado dentro de este rio, en el que veo el agua subir y ya roza mi cuello.



Mientras ocurre esto, le canto a la vida, que deje de volverme loco, y me regale mi no merecido premio, pero no por eso menos ansiado, que ponga un caramelito en mi boca, que saboree de nuevo la dulzura, que vea un futuro COÑO! que estoy harto! que se me escurre la juventud entre los dedos, que pierdo la ilusión y el sueño, que cada día se convierte en un silencio, que cada noche es un desvelo y me estoy haciendo amigo de la luna y de los pajarillos de mi ventana, a los cuales doy de beber mis lágrimas mientras consumo mi vida con cigarro puesto en los labios, que ya doy cuerda, que ya no vivo en color, que todo se tiñe de purpura.

Y no veo opciones, no veo salida, no veo. No veo no porque esté ciego, si no porque hay ausencia de colores.

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