Después de varias y largas semanas sin sacar punta a mis lápices, no podía resistir la tentación de reflejar en este espacio virtual mis retorcidos pensamientos de existencia en diferido.
Todos tenemos un mal día, yo tengo un mal año. Un año de amargura que hace que intente rasgar mi personalidad y adaptarla a mi nuevo ser de hombre de empresa con estrés laboral y sueños frustrados. Resignación, es la palabra que define mi desgana total y rotunda de seguir luchando por ser feliz.
No quiere decir que esté triste, si no más bien que me he hecho de hielo, polar como la tundra. Vacío de emociones y de sentir. Bueno quizás si haya una emoción escondida entre mis latidos, y percutiendo en mi cabeza. IMPOTENCIA!. Impotencia por no poder cambiar mi vida, mi ánimo, mi físico, mi ímpetu, mis ganas, mi futuro ni mi presente.
Me gustaría poder dar pie a sentimientos como la alegría de conocer a alguien a quien pueda dar la oportunidad de llenarme, pero me he anclado en mi "NO PUEDO" y en un sincero pensamiento de que nadie querrá estar con un tío como yo. Pues ya he perdido la chispa de los 20, la parrusía del amor propio, he roto con mi persona, y no deseo ni ver mi reflejo en un cristal porque me observo deprimente y como una de esas personas que sólo dan lástima y risas. He escondido mi cabeza bajo tierra, ya no puedo destacar mis virtudes, de hecho ya ni yo mismo las veo, a mi autoestima se le ha roto el paracaídas, y ya ni me atrevo a abrir el de emergencia. La he dejado caer y ya se encuentra a escasos metros del suelo.
Supongo que será cuestión de relajarse un poco, pero siento que sólo no puedo, y aunque suene atípico o incluso irreverente en mi, no me es suficiente el amor que me ofrece el gran jefe, porque me encuentro lejano de él, me apartan mis flaquezas, me alejan mis debilidades. Quizás me encuentre cerrado, quizás necesite que alguien me haga reír, quizás necesite volver a sentir algo alegre, quizás necesite mi mitad “deneurotizante”, pero no aparece, no se acerca, no me incita y no me da motivos.
Supongo, que tocará seguir resignado y diciendo: ya llegará mi momento.
Read More …
Todos tenemos un mal día, yo tengo un mal año. Un año de amargura que hace que intente rasgar mi personalidad y adaptarla a mi nuevo ser de hombre de empresa con estrés laboral y sueños frustrados. Resignación, es la palabra que define mi desgana total y rotunda de seguir luchando por ser feliz.

No quiere decir que esté triste, si no más bien que me he hecho de hielo, polar como la tundra. Vacío de emociones y de sentir. Bueno quizás si haya una emoción escondida entre mis latidos, y percutiendo en mi cabeza. IMPOTENCIA!. Impotencia por no poder cambiar mi vida, mi ánimo, mi físico, mi ímpetu, mis ganas, mi futuro ni mi presente.
Me gustaría poder dar pie a sentimientos como la alegría de conocer a alguien a quien pueda dar la oportunidad de llenarme, pero me he anclado en mi "NO PUEDO" y en un sincero pensamiento de que nadie querrá estar con un tío como yo. Pues ya he perdido la chispa de los 20, la parrusía del amor propio, he roto con mi persona, y no deseo ni ver mi reflejo en un cristal porque me observo deprimente y como una de esas personas que sólo dan lástima y risas. He escondido mi cabeza bajo tierra, ya no puedo destacar mis virtudes, de hecho ya ni yo mismo las veo, a mi autoestima se le ha roto el paracaídas, y ya ni me atrevo a abrir el de emergencia. La he dejado caer y ya se encuentra a escasos metros del suelo.
Supongo que será cuestión de relajarse un poco, pero siento que sólo no puedo, y aunque suene atípico o incluso irreverente en mi, no me es suficiente el amor que me ofrece el gran jefe, porque me encuentro lejano de él, me apartan mis flaquezas, me alejan mis debilidades. Quizás me encuentre cerrado, quizás necesite que alguien me haga reír, quizás necesite volver a sentir algo alegre, quizás necesite mi mitad “deneurotizante”, pero no aparece, no se acerca, no me incita y no me da motivos.
Supongo, que tocará seguir resignado y diciendo: ya llegará mi momento.