Lápices de Colores

Sonrie siempre que puedas, llora siempre que te dejen. De la vida hay que reirse porque marea estar sentado en un mundo que gira muy rápido y marea hasta vomitar sapos con purpurina lila. Yo por eso fabrico arcoiris en mi estomago, por si la angustia me debora, abrir la boca que salga alguno rayito de sol. Como dicen los nostálgicos, mi vida se tiñe de gris, pero no de gris austero y apagado, sino de gris ratón, porque es lo que soy, un ratoncillo vagabundo, que con su enseres atados con un triste pañuelo a un viejo palo de escoba, barre lecciones que hacen que las pestañas se te peguen a la frente y queden incrustado fibrosos cabellos de plastico en tu prefrontal. Aunque incoherentes asoman mis palabras, mas estúpidas son las que se esconden en mis orejillas grises. Incluso me pierdo en mi escribir tras un queso roido por otros. En fin, lo que este ilusionista titiritero de la prosa y malavarista de mala praxis quire decir, es que me alegro de haber sido el ratón que ha impedido que el zorro entre en la madriguera y se coma a una de las gallinitas. Y mis dedos se preguntas que para que tanta vuelta para una frase bien hecha, pues porque me gusta, me distrae, me realza el intelecto y me revaila los dientes. Y ahora decir de nuevo: atiende a lo que escribo que no todo es claridad, ten cuidado en el camino, porque puedes tropezar.

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