Tal y como crece una flor silvestre dentro de una roca, así es ella. Delicada de tallo firme aunque con sus pétalos desgastados por el viento y la lluvia. Niña en su mente, pero mujer en su cuerpo y sus convicciones, de raíces fuertes y de sabios consejos. Delicada pero dura como la roca que alimenta su vida. Flor de sol y de alegría, sus lágrimas esconde tras una risa nerviosa. Elegante y perfumada ante la vida, natural y a veces descuidada ante los de su misma especie.
Cual ratoncillo asoma su hocico por el agujero de la pared, para ver si olfatea algo que comer, ella asoma su vista a la madriguera del zorro, esperando ser respetada. Pues pese a que su aspecto es débil, frágil y volátil, su cerviz es dura como la de un león. Muralla impenetrable es su cuerpo, fortaleza impugnable es su cabeza, nada ni nadie la hará cambiar, pues con clarividencia observa su futuro y se alegra de ser quien es y de estar dónde está. Pero siempre su vida será un secreto, porque su boca está sellada para aquellos a los que no les dio su llave, porque su oídos ser harán sordos ante quien palabras absurdas intente colar. Su voz refleja su carisma, su canto es melodía de primavera que hace erizar cabellos y retemblar los cimientos del orbe, pero mas privilegiosa es la persona que oportunamente escucha alguna de sus notas. Muchos años ya, esperando está, la liberación que algún día recibirá.
Pero zorro, tendrás que salir de tu madriguera, abandonar tu cueva y abrir los ojos a un rocío de sol que aunque parece deslumbrar al principio, pero que te hará ver con claridad y con sutileza estos trazos de pastel.
Ahora, cierra tus ojos ... y deja que esta melodía toque tu alma.