¿Por qué tanto por qué? No se dibujar lineas rectas, no se pintar trazos uniformes, no se crear la textura correcta, no puedo moldear la escultura perfecta, y ¿qué?. Mi mano es voluntariosa, dibuja, pinta y moldea a su placer, nadie la mueve, ni mis ideas, ella sabe lo que tiene que hacer. Que lista e inteligente son mis articulaciones, pues crean maravillosas creaciones, no redundan la redundancia, sino que renuevan lo novedoso. Hay alguien que la acaricia, que hace que sienta escalofrios, que endereza sus huesos rotos y gastados, que a veces le hace hacer giros inesperados contrarios a su conciencia, pero avispádamente salta y vuelve a sus secretos, aquellos secretos que ocultan el arte desconocido de crear de la nada una nueva naturaleza, la naturaleza de aquel que ocultamente la conduce a traves de susurros y suspiros.
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